Documental-homenaje sobre las bandas-homenaje.
Freddie Mercury se pasea por la Bristol. Se toma un mate con una señora, después se para frente al cartel que dice SOMBRILLA 25 PESOS y, por último, sube a la familia al coche y arranca para el teatro Enrique Carreras, donde comparte cartel con el mago Black y Jorge Corona. En los camarines, Freddie Mercury se cabrea y le pega flor de cagada a pedos a su hijo menor: “Es que la gente no paga una entrada para ver correr a mi nene por los pasillos”, dice el cantante de Queen, que no es el cantante de Queen, sino de su tributo argentino.
Mundo tributo acierta, entre otras cosas, porque sabe poner el foco en los dos ejes que cruzan y sostienen el boom de las bandas tributo: por un lado, la nueva unidad de negocios de un mercado en expansión con consumidores dispuestos a pagar una entrada tanto en el Gran Rex como en el Cavern Club para ver (escuchar) la clonación musical de sus originales favoritos. Y por el otro lado, cierto ineludible patetismo de ver a un chico del gran Buenos Aires afeitarse las entradas de la cabeza para lograr un efecto más Gene Simmons. La mamá de Gene Simmons, peluquera, encargada de peinar a su hijo con frenillo cortado pero también a sus amigos del barrio Ace Frehley, Peter Criss y Paul Stanley, dice: “Con estos Kiss ya me recorrí todo el país” Eso, en camarines. Afuera, un fan de este Kiss tan nuestro grita: “Kiss Estados Unidos, no existís. ¡Aguante Kiss Argentina!” No hay muchos documentales capaces de poner en pantalla una línea tan genialmente estúpida como esta.
Para quienes quieran ver a Genesis tocando en un country para señores de bigote con chombas Lacoste, pueden informarse en el sitio de la productora: corsologia.com. El resto es relajarse y gozar.
por Alejandro Seselovsky
(Revista Rolling Stone, número 112, año 10, página 120)