Miro de reojo una vidriera de una conocida tienda de comics. Creí ver mal, y volví sobre mis pasos para comprobarlo. En una de las estanterías, se podía apreciar a un pequeño Kurt Cobain, remera sobre remera manga larga, como vestía en el video de Smells Like Teen Spirit, arqueado con su guitarra. Al lado, la Fender Stratocaster de Jimi Hendrix apunta al rictus desenfrenado de su compañero de repisa Angus Young.
Cerca, una serie de muñecos de Iron Maiden. Más abajo, una colección completa de Kiss Psycho Circus. Los muñecos de superhéroes (Superman, Spiderman, Batman, Spawn) casi brillaban por su ausencia, empujados a los márgenes de la vidriera por las réplicas de estrellas de rock.
El rock solidificado en la pose. La diferencia principal entre los superhéroes de historieta y las estrellas de rock es su origen inhumano o sobrenatural (si dejamos de lado la seguridad de que Iggy Pop o Keith Richards tienen más aguante que los Gemelos Fantásticos) Lo demás son similitudes. Los múltiples trajes coloridos, las extensiones tecnológicas (armas en los superhéroes; guitarras de doble mástil -Jimmy Page-, micrófonos y amplificadores, que también encontramos en el kit de las estrellas de rock) el enfrentamiento contra los malos (diversas lacras de la sociedad urbana que oprimen a los débiles), y el compromiso con sus causas.
Ya no hay nuevos superhéroes. Las estrellas de rock los están reemplazando. Es decir, por lo menos, en el mercado de muñecos (y en otros; en la serie animada Metalocalypse, la poderosa banda Dethklok es combatida por los sectarios del Tribunal)
También es posible imaginar una serie o una película industrial donde estas dos facciones se enfrenten (los antiguos superhéroes y los nuevos -los rockeros-). De hecho, a mí me pareció que cuando el muñeco de Hendrix escupió en la repisa, Batman lo miro de mala manera y al Yoda -otro que no es ni de DC COMIC ni de Marvel- le dieron ganas de hacer acrobacias con su láser.
Se puede leer que el rock ya no es un cuchillo de doble filo, que el rock como merchandising (ahora muchas bandas under venden sus llaveros y remeras en los recitales) anula su discurso y diluye su base contracultural. El rock devela, al joven iniciado, el mecanismo de la sociedad; ¿cómo puede ser que asimile sus taras?. Así y todo, sigue siendo una de las tantas formas a través de las cuales un ser humano puede expresarse.
Ese muñeco de Kurt Cobain es como los finales de las películas de terror; la criatura termina dudosamente congelada. Sabemos que eso no es todo. Que hay muchas expresiones rockeras buenas, quizás tantas que ya es un trabajo separar la paja del trigo. Tal vez lo que ocurre es que la máquina de estrellas está atrofiada y será reemplazada por otro sistema. Otro modo de producir fanáticos y seguidores.
¿Qué lugar ocupan las estrellas de rock en nuestro imaginario?
Mientras tanto, Jorge Busetto, Doctor Queen, dice que cuando era chico quería ser Superman o Freddie Mercury.
Adrián Fares